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Ya era demasiado tarde (Yves Gerbeau)

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Cuando quise levantarme, ya era demasiado tarde, tenía la mano rota y un agujero en el abdomen. La verdad es que no me dolía; tan solo notaba un suave silencio de la cintura para abajo.
Recuerdo el día que me encerraron en la habitación del mal, ese día tuve la misma sensación. Sentirse nadie, sin fuerzas, sin ganas. Mis padres no me odiaron al encerrarme, lo hicieron cuando nací. Mis piernas no dejaron de andar con ese disparo, lo hicieron cuando te conocí.
Ahora me mirarías entre lágrimas, como si yo te importara. Llorarías tu nombre encima del nogal esculpido. Pero por la noche, cuando cerraras tus verdes ojos, te convertirías en esclavo de tus dedos, los mismos que apretaron el gatillo de hierro fundido.
Vaciaste mi sangre olvidándote que era la misma que la tuya, la suya, la de todos los que me conocían a mí, y a ti; siendo todos los mismos desde ese amargo día en el que nacimos.

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