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Vestidos (Mónica Altomari)

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La niña tomó el vestido del armario y lo puso sobre la cama, tocó con delicadeza su larga falda y lo miró con ilusión: era blanco, de corte princesa y escote redondo, nunca se lo habían dejado probar. Se lo puso, era demasiado largo para su metro veinte de estatura y demasiado apretado para su cuerpo regordete e infantil. Frustrada, lo arrojó al suelo y lo pisoteó. Con el vestido a cuestas, atravesó sin ser vista la casa que estaba casi desierta porque todos habían ido al funeral de su madrastra. Cavó un foso en el jardín y lo colocó en él. Se quedó viendo como la tierra que le echaba encima corrompía su blancura. Era el favorito de su madrastra, el que usaba para complacer a su padre, un vestido digno de una reina. Mientras coronaba la tumba con una improvisada cruz hecha de ramas de árbol se dijo que ahora la reina sería ella. Con suerte su padre no insistiría en traer más mujeres a la casa, y ella dejaría de enterrar vestidos en el jardín.

1 comentario

Rosana Almeida 24 noviembre, 2017 Responder

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