Signo editores / Literatura a Mil

Ventanas abiertas (Iolanthe)

Comparte este post

En verano las ventanas se hacen indiscretas para cualquier curioso. Dejé la de mi cuarto entreabierta. Poco para que me vieran y demasiado para que algún objeto se pudiera colar en casa. Me despertó un ruido sordo. Al mirar, no vi nada, pero el susto me acompañaba. Pasaron las horas. Me levante, desayuné y al entrar a mi cuarto para buscar en el caos del cajón, entre calcetines y bragas, había una pelota de tenis. Al tocarla sentí ese tacto aterciopelado y traté de botarla; pero se quedó pegada en el suelo, como si tuviera un imán. En dos ocasiones más la boté y resultó imposible, hasta que aprecié una raja en la pelota. Al abrirla vi una nota dentro. Decía “llegarás tarde”. Miré el reloj, llegaba tarde a mi trabajo. Cerré la ventana, cerré la casa, cerré mi mente confundida, que viajaba entre el temor y la fantasía. A la par que cohabitan en mi ser con la subestima, rutina y tantas otras cosas… Desperté, la alarma sonaba recurrente. Sin más pelotas, llegaba tarde al trabajo.

Deja un comentario

Entradas relacionadas

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies