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Toma tus alas (Florinda Ramos Gil)

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Él no podía dormir, la noche era oscura especialmente en aquel momento de su desvelo. Si hubiera soñado ¡ah, si hubiera soñado!, como muchas otras noches que volaba…y volaba…y volaba. Y como no podía dormir, imaginaba. Mientras, alzaba sus brazos hacia el techo de la habitación, tan lejano como negro, intuía que se habría una brecha azul índigo y una luz se movía nerviosa en algún lugar de ese cielo. ¡Y deseó tanto tener alas!, y se borró tanto a sí mismo, desdibujando su cuerpo como acuarela estropeada entre el agua de unas lágrimas, que de su espalda brotaron dos bultos que empujando, empujando se liberaron de la carne y se formaron en alas. Inspiró hasta no poder coger mas aire mientras desplegaba sus grandes alas, levantado sobre las puntas de sus pies sobre el colchón de su cama soltó el aire y voló…, voló como nunca lo había hecho antes, agitando sus alas con una fuerza sobrehumana. Nadie supo nunca qué fue de él, no sospecharon que, simplemente, consiguió tomar sus alas…

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