Signo editores / Literatura a Mil

Sólo respira (María S. Olmo Rodríguez)

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El año pasado sacrifiqué a mi perro. Se llamaba Rocco, con dos ces. Rocco enfermó con trece años, la misma edad que tenía yo cuando acaricié su diminuto hocico por primera vez.
La noche antes de que desapareciera para hacerse eterno – maldita eternidad – nos despedimos juntos en la cama escuchando ‘Hope There’s Someone’ de Antony and the Johnsons.
Pelos de punta.
Por primera vez en mi vida sentí a mi pequeño llorar.
Los perros también lloran.
Y así, de esta manera, recordé todas las veces que busqué el sentido de la vida sin detenerme siquiera en lo extraordinario que resulta formar parte de alguien a quien amas, como un perro, y fue entonces cuando me di cuenta de que en eso consiste toda relación, en ser un trozo del imaginario de aquellos que quieres, que puedan sentirte, verte o pensarte; y entonces, sólo entonces, me sentí tan extasiada de vida que pude olvidar el egoísmo y todos esos sinsentidos de la búsqueda del sentido y comencé a notar su respiración.

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