Signo editores / Literatura a Mil

Soledad Otoñal (Mónica Druetta)

Comparte este post

El viejo se hamacaba con suavidad en su mecedora, el viento de repente recogió las hojas doradas y se las llevó sin permiso. Él se quedó mirando al insolente, frunció el ceño y se levantó con dificultad…Tomó su bastón decidido y caminó hasta la vereda…allí golpeó con energía inusual las ramas y una lluvia de ocres lo cubrió por un instante. Volvió a su sillón y siguió mirando, regocijado, la pelea entre las hojas y el viento.
Cada tanto, una risa se escapa de su boca sin dientes.

Deja un comentario

Entradas relacionadas

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies