Signo editores / Literatura a Mil

Si pudiera (Belén Conde Durán)

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Pasa el tiempo y se consume la vida, entre momentos que no volverán y ratos que desearíamos no haber vivido. Victoria juguetea con la punta del cuchillo sobre la piel de su muñeca, pálida e ingenua. Mas cuando llega el corte certero no asoma sangre alguna, ni se desgarra inexorablemente su piel. Regresa el arma a dormir en el cajón de la mesa de la cocina, de donde salió para tan infame fin minutos atrás. Victoria vuelve a la cama, mientras que las manecillas del reloj se mueven vertiginosamente en la dirección contraria, a medida que la mañana se extingue para dar paso a la víspera. El reloj prosigue su incomprensible marcha, observando a una Victoria que mengua de estatura y que ya no presenta arrugas bajo los ojos cuando sonríe. Se sienta en el prado, mientras que su abuelo fallecido le lanza la pelota a su perro y ambos corren alegremente, a salvo de nuevo. Victoria se mira sus menudas manos, agradece en silencio el milagro y piensa que en esta oportunidad hará mejores elecciones.

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