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El peor enemigo del escritor apasionado (Manuela Ballarales)

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La hoja en blanco nos hace buscar en los pensamientos más profundos de nuestra mente para complacer a alguien más, y rara vez a nosotros mismos.
Sentarse a escribir algo por compromiso es casi tan desesperante como decidir entre la vida de dos seres queridos; ¿y cómo lo superamos? Aún no encuentro la respuesta. Entre cientos de cabellos en el suelo y las uñas destrozadas, se me va la noche pensando; y es que el resultado no es el mismo en compañía del sol.
La hoja en blanco nos aterra, nos hace desconfiar e incluso nos lleva a creer que escribir no es lo nuestro. Al fracasar buscando otro talento que podríamos desempeñar, nos resignamos a creer que no servimos para nada y que no tenemos misión alguna en la vida; que estamos vivos sólo para equilibrar las tasas de mortalidad y natalidad de nuestro país. ¿Hasta qué punto es cierto?
Es curioso que un objeto inanimado pueda hacernos sentir más miserables de lo que pueden cien voces destructivas; pero, más curioso aún, es como lo permitimos.

2 comentarios

Cip 5 julio, 2016 Responder

Manya que bonito

Marcelo Medone 16 julio, 2016 Responder

Si conoceré la hoja en blanco. Como todo los miedos, el miedo de escribir se mata huyendo para adelante: escribiendo. Por suerte, siempre tenemos la posibilidad de corregir. Y si no, nos queda el refugio del tacho de basura.

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