Signo editores / Literatura a Mil

Ojos rojos (Néstor Valazza)

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Bebió el café con la vista anclada a la pantalla de la tableta. Para cuando subió al colectivo ya había chequeado el correo electrónico y repasado las noticias de la mañana. Vio un asiento en la fila de atrás y logró llegar antes de que se lo arrebataran. A los treinta segundos, escribía con los pulgares para responder un WhatsApp, mientras un rock agitaba sus auriculares y le ponía ritmo al interior de las orejas. Miró la hora, entró en la oficina e intercambió saludos desganados. Recibió rutinas y sumergió su voluntad frente a la computadora. Diez horas después, de vuelta en casa, descongeló comida y, con la ilusión de despejarse, cenó en televisión ante su serie preferida. Rumió un chocolate como postre, visitó canales de noticias y cerró la velada con una pieza literaria provista por su lector de libros digitales. Amaneció con sangre en los ojos y supo que su vista estaba terminada. La depresión le duró hasta el día en que pudo comprar su smartphone con botones en braille.

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