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Nacer tarde (Matilde Gordero Moreno)

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Fer había nacido tarde, aunque sólo nos separaban unos meses. Todo el mundo en el pueblo sabía que Fer había nacido tarde y por eso levantaban sus sombreros para saludarlo, pese a que hacía décadas que ya nadie llevaba sombrero, y no hacían ningún comentario sobre el pañuelo de tela del bolsillo superior de su americana. Cuando lo invitaban a su casa, fumaban pipa y se sentaban delante de la chimenea y calentaban la comida al fuego.
Fer también sabía que había nacido tarde y lo aceptaba con resignación, evidentemente, guardaba las formas. Sonreía cuando yo le decía “ya no quedan hombres como tú”. Me quería porque el amor no tiene edad, pero fantaseaba con enamorarse de alguien que hubiera nacido pronto y jurar amarla por los siglos de los siglos.

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