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Musas sin whatsapp (Kuluska)

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«Mira, no sé. ¿Hablo ya? Vale. Sí. A ver… que yo… no sé. No quiero que pienses cosas como las que… bueno… Quiero decir, ya sé que no lo entiendes pero yo… Mira, esto no puede ser. Yo soy tu musa y a las musas no hay que abrazarlas. No sé… a ver, ¿cómo te lo explico? En realidad yo… yo no existo. Lo sabes. Tengo el pelo de Manuela, los ojos de Lola y el culo, bueno… el culo que tengo ni siquiera existe en la realidad. No me llames. Esto no funciona así. No intentes abrazarme. Escribe. No te acerques. ¡Escribe! Escrib… Maldito contestador. No quería decir eso. Yo… no existo. Duerme. No me busques porque no pienso volver». Así es como él se imaginaba a su musa cuando no la veía venir. Se ponía nervioso. La echaba de menos. Quería abrazarla y no podía dormir. Volvía a imaginarse más mensajes suyos en el contestador. Odiaba que ella no volviese. Odiaba no poder dormir. Abrió un Word y escribió: “Me da igual que no existas, yo sólo quiero abrazarte”. Y mientras la esperaba, se quedó dormido.

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