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Más de ocho apellidos (César Romero)

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Estábamos en fiestas. Por eso los habían traído. A los dos primeros los abatieron casi en la entrada del pueblo. Era una buena reata. Al tercero costó más. Lo hirieron, salió huidizo y se agazapó ahí mismo, detrás de una furgoneta que entonces tenía Jon. O debajo, no recuerdo. El Josu, que siempre fue buen tirador pero no había acertado, pasó corriendo. No tuvo que preguntar. Todos le indicamos dónde estaba, dónde se había escondido la alimaña. Volvió sobre sus pasos, se agachó y vació el resto del cargador.
Cuando llegaron las ambulancias y otros guardias, compañeros de los tres ejecutados, ni siquiera se acercaron a preguntarnos. ¡Si ninguno de nosotros habría visto nada! Desde entonces el Josu no ha vuelto por el pueblo. Pobre. Eso sí, todos los años su foto y las del resto de la partida presiden las fiestas. Y oiga: ¿esto es para alguna película como esa de los apellidos? Bien maja, eh.

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