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Madera (Setefilla González Naranjo)

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Olía a madera, en aquella habitación se respiraba olor a roble. Estaba nerviosa, era normal, mi primera cita con el vecino. Todas las mañanas, cuando bajaba las escaleras miraba su puerta pensando si nos cruzaríamos en el camino y aquella noche estaba dentro de su propia casa, teniendo la mía a tan solo veinte escalones había decido quedarme allí. Entonces apareció él, con su sombrero y sus tatuajes que los convertían en la persona más especial del mundo entero. Traía dos copas de Brandy, me explicó que no era cualquier Brandy, era de Jerez, y eso lo convertía en maravilloso. Podría haberme hecho la intelectual y argumentarle todas las esencias que mi boca reproducía en cada sorbo, pero no, no fue así, decidí no controlar mis impulsos, me dejé llevar y tan solo le dije: ¡Ah, y yo que pensaba que eras más de cerveza!

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