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Los nuevos Herodes (Adriana La Buonora)

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Constato, no sin estupor, que se agrega una prohibición a la miríada de restricciones urbanas. Al entrar a una de las eufemísticamente llamadas “grandes superficies”, dejé, a regañadientes, mi mochila en un locker y vi como la encargada de seguridad le decía a una mamá pobre “no puede entrar con el carrito”. Como la discreción y la mesura no se encuentran entre mis principales virtudes, intercedí “Es el hijo ¿Qué quiere, que lo tire?” A lo que, intimidada indudablemente por mi posición social contestó “Son órdenes”. Estos días de frenesí consumista, observé en varios lugares esta prohibición. Prohibido entrar con alimentos, bebidas, y cochecitos de bebé. Yo, no soy lo que se dice Piaget, pero este impedimento me hiela la sangre. Porque un hijo no se deja atado a la columna, ni se premia a la salida con un huesito, entendámonos. Pero un hijo tampoco es el ardid para el pillaje de poca monta, siendo el cochecito el alibi para esconder algún objeto manoteado velozmente entre las góndolas.

2 comentarios

Mónica Milesi 18 julio, 2016 Responder

Muy bueno. No esperaba menos!! Genia

Analia 18 julio, 2016 Responder

Muy bueno y sorprendente! El título un gran acierto.

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