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Liberto (Tana Arola)

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El jubilo hizo presa de él al sentir la libertada lamiéndole las plantas del los pies e incitándole a una desenfrenada carrera a trabes del hediondo pantano. No le importaba la putrefacción que lo rodeaba, ni los trozos de cadáveres que flotaban alrededor de lo que había sido hasta ahora su oscura prisión.
Miró su descarnada muñeca; casi se podía intuir el hueso tras tantos meses de cautiverio. Pero eso ya no importaba se había liberado de la férrea garra del amo y por nada del mundo regresaría bajo su yugo.
Se dispuso a continuar sin saber muy bien qué dirección tomar en aquel inhóspito lugar. Divisó una cálida luz e inmediatamente fue atraído hacia ella cual insecto que se precipita hacia las llamas del hogar y quiso ir hacia allí. Más se interpuso una figura tenebrosa; sintió pavor e intentó huir. La criatura le habló con palabras amorosas instándole a despertar y su imagen trasmutó en la de su mujer que le tendía la mano. Estaba agradecido. Ella le salvó de aquel profundo coma.

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