Hora de té con leche y pastas; de toros, arena y peineta, en cosos de sol y sombra.
Las cinco de la tarde.
Hora de siesta perezosa, en la bochornosa tarde de estío; de aulas abandonadas y desiertas, con olor a tiza y crayón.
Las cinco de la tarde.
Hora de despedida, de un último adiós; de aroma a flores de mortaja y sabor a lágrimas y hiel.
Las cinco de la tarde.
Y después, repique de campanas que cantan su duelo; mi agonía en silencio marchando tras de ti.
Después del adiós, tan sólo llanto; memoria preñada de tu voz y tu sonrisa. Nostalgia por aquel primer momento, aunque difusa por el tiempo, la hora en que ocurrió. Quizás… a las cinco de la tarde.
Las cinco de la tarde (Mayte Banzo Coscolluela)
