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La Gota (Ana maria caillet bois)

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El aire dormido en el jardín espera…
De pronto se despierta en un callado silencio.
Cae con fuerza, las calles de tierra se vuelven lodo.
Salgo a chapotear bajo la lluvia, siento el barro pegado a mis zapatos recién lustrados.
Necesito llenarme de gotas: gordas, grandes, de seda, pero, una gotita chiquita, traviesa, cae por mi flequillo y se posa en mi nariz, me hace cosquillas. De un solo salto certero se instala en mi boca.
Trato de no hablar, no quiero que se muera, pero el temblor de mis labios cuando me besa me llena de una algarabía gozosa.
Recorre mi cuerpo con pereza y cae transparente, distinta.
La sigo, llega a la esquina, dobla a la derecha, corre hacia el jardín y salta mansamente entre las rosas.
Me alejo, siento un cosquilleo de miedo, la pequeña gota me sigue, trepa a mis zapatos recién lustrados, recorre mi cuerpo, besa mis labios, se posa en mi nariz y se esconde en mi flequillo. Lo usa de trampolín y se va nadando por las calles de mi pueblo.

1 comentario

Juan Carlos 27 marzo, 2018 Responder

Un bellísimo relato, Ana María. Ese ir y venir de esa traviesa gota me ha gustado y divertído.
Un abrazo

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