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La cara es el espejo del alma (Jesús Coronado)

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Luis estiró las facciones suavemente con sus dedos, observando como el espejo devolvía un rostro sin arrugas, terso, natural. Por fin. Desde el desgraciado accidente esta era la más parecida a su antiguo rostro. El fuego había hecho bien su trabajo.
Luis retiró con cuidado la piel que cubría su desfigurada cara, tenía que comenzar con el proceso de conservación rápidamente. Pero el espejo, una vez más, le devolvía aquel rostro salido del mismísimo infierno; su verdadero rostro. El que le hacía recordar las palabras que su mujer repetía constantemente “La cara es el espejo del alma”. Y qué razón tenía, sólo que ella miraba el rostro equivocado, el que vio deshacerse frente a sus ojos aquella tarde atada en la cama. Hasta él cometía errores.
Pero eran sólo recuerdos y el trabajo le estaba esperando. Luis, limpió cuidadosamente los restos de sangre que quedaron pegados en la cara y se puso los guantes de látex.
Ahora, como tantas otras veces, tenía que eliminar los restos del cadáver.

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