Signo editores / Literatura a Mil

Ícaro (Koldo Concejo)

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La gente, al ver el cadáver tendido sobre la acera, se preguntaba qué pudo llevarla a semejante grado de desesperación.

Un policía de paisano apuntó a posibles malos tratos de su marido, los habituales parroquianos del bar a problemas con las drogas o el alcohol, las beatas a un castigo divino, los más sesudos a un hipotético desahucio y los más hipocondríacos a un probable cáncer terminal.

Solo el más pequeño de todos acertó.

Ella simplemente quería volar.

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