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El hombre que guiñaba un ojo (Javier Osorio Piñero)

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El hombre guiñaba un ojo; no a alguien, sino por un motivo. Podía sentir el frío del metal besando su mejilla. El hombre mostraba húmedas las cuencas de los ojos, pero no lloraba. Una lágrima perdida entre el frío ajeno y su calor se deslizaba, rostro abajo, y al fin moría. El hombre la observaba, a ella, que era su ex mujer; todavía esposa suya.

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