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Hitchcockiano (María Caballero)

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Las costumbres son muy jodidas. Una amiga compartía piso en Barcelona con un finlandés que se follaba todas las noches a una tía distinta. Ella no podía dormir por los gemidos agudos, graves, chirriantes, fingidos, húmedos. Toda una escala de tonos de gemidos y comenzó a distinguir a cada tía por su timbre.

Me llamó de madrugada berreando que estaba hasta los cojones, que no podía más. Que llevaba días sin dormir. Había llegado a una conclusión; no le molestaba que el finlandés trajera todos los días a tías a follar, sino el no reconocer ninguno de los tonos del catálogo. Quería los gemidos ya conocidos, se había hecho a ellos y podía pegar ojo, pero la novedad la irritaba.

Lo contaba con pereza y casi fatigada. Me pareció maravilloso. Ese matiz del gemido conocido, era como una película de Torneur. Como una película de los años 40 que no permite la libre interpretación porque se va deshilvanando con cada fotograma. Como en Rebeca.
-Hitchcockiano.
Colgó y me sentí Raymond Carver.

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