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Gastralgia (Belinda)

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Fue el pasado veintidós de marzo que a Alfonso Freguán se le atascó el retrete poco antes del amanecer. No andaba muy bien de la panza, una mala noche. Se levantó sin saber si llamar a urgencias por lo suyo o al fontanero por lo del excusado.
Un ruido seco, que al principio confundió con sus intestinos, lo alertó. Escuchó unos pasos provenientes del piso de abajo. Alguien trepaba por las escaleras; alguien, provisto con una motosierra y hambriento de sangre vieja, se acercaba.
Algunos, atónitos, lo llamaron crimen. Otros exclamaron orgullosos que “a todo cerdo le llega su San Martín”.
Lo enterraron el sábado, junto con sus máscaras de payaso.

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