Signo editores / Literatura a Mil

Florencia (Ana María Caillet Bois)

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Salimos a caminar, el mar estaba tranquilo. Yo sabía que Florencia era muy perezosa, nos tendimos al sol, ella fijó solitariamente la vista en un punto fijo.
Me encontré con amigos, conversamos, hicimos mucho ruido, pero Florencia no movió un solo músculo.
Pasaron dos horas y preocupado comencé a llamarla, luego, suavemente rozo mis dedos sobre su vientre intentando una respuesta.
Cuando la abrazo, sólo veo en la reposera un conjunto de huesos calcinados por el sol un collar de caracoles y en mis manos, su sonrisa.

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