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Dos viejos amigos (Fernando Manuel Manzano García)

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Caía la noche cuando el jefe de brokers, Davide W. Paulson, sentado en su despacho de la planta 56, supo que su amigo de la infancia y miembro de su equipo, Jim S. Deluca, padecía una enfermedad incapacitante y mortal.
Sufrió un shock fulminante: tapó su cara con ambas manos, sintió un escalofrío súbito por la espalda y el estómago daba vueltas en su interior. La cabeza empezó a dolerle y una especie de mareo parecía distorsionar la realidad a su alrededor. No quería creerlo, pensó que la negación era la reacción lógica que se produce en estos casos y quiso evadirse mirando a través de los amplios ventanales del despacho. La vista le calmó un instante, pero un pensamiento instintivo, persistente, dominante, como las olas a un acantilado, le martilleaba inmisericorde.
Con rabia incontenida apretó las manos y golpeó con todas sus fuerzas la mesa haciendo que algunos objetos saltaran y otros rodaran hasta caer. Furioso, gritó para sí: “Joder, ahora seguro que no cumplimos los objetivos”.

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