Signo editores / Literatura a Mil

Directo al blanco (Germán Hernández Wrooman)

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Guillermo Tell había pasado una noche de copas y al día siguiente debería hacer una demostración de sus habilidades como arquero. Llegó el momento. El valiente señor Guillaumin se ofreció como voluntario y le colocaron una manzana en la cabeza. Con el pulso tembloroso (sus condiciones eran más que lamentables), Guillermo Tell tomó su arco y disparó. La flecha partió la manzana… pero, ¡la manzana de Adán!

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