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Dieta ejecutiva (Ainhoa Ollero Naval)

Dieta ejecutiva (Ainhoa Ollero Naval) Literatura a mil Comparte este post

Los días que toca ser valiente, desayuna fuego de dragón, especialmente los lunes, que suelen ser tan tediosos y arduos que le llevan a plantearse huir a una isla desierta sin pararse a mirar atrás ni a devolver los libros de la biblioteca. Cuando le entra hambre a mediodía, debe conformarse con una brocheta de gamusinos, porque no suele tener tiempo para comida de verdad. Es eso, o un sándwich de chinchetas cuando la jefa está de mal humor e invita a todo el equipo a un buffet libre de reproches, bufidos y miradas de desconfianza. Suele optar por los gamusinos, que son menos agresivos para con la úlcera y, aunque frugales, aportan cierta dosis de fantasía y ganas de vivir. La merienda consiste en una serie de suspiros anhelantes y miradas impacientes y disimuladas al reloj. Y, por las noches, cena nubes esponjosas como el algodón para tener la cabeza en las musarañas con toda comodidad, al menos hasta el día siguiente.

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