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Cada día a la misma hora (Noa Velasco)

Cada día a la misma hora (Noa Velasco) Literatura a mil Comparte este post

En un rincón alejado de la música de las personas, inmóvil en el país del silencio, los movimientos y colores que registraba su visión periférica constituían para él todo un concierto. Como un cardumen de peces multicolores, se sucedían ante él las estelas que dejaban tras de sí cada uno de los improvisados músicos visuales, turbamulta inquieta, imparables transeúntes. Y él, paciente y quieto, como cada día, esperaba la llegada del solo que le hacía estremecer. Entre el gentío, fragor vibrante que no podía escuchar, ella posaba su cálida mano en su hombro. A través de aquel contacto indirecto a su inaudible voz, como cada día y a la misma hora, podía sentir sus palabras. ¡Sentía las palabras!
—¿Me dejas pasar, por favor?
En la soledad del país del silencio, donde nadie cantaba para él, por un instante podía escuchar; como cada día, a la misma hora.

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