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Culpa (Lori Soares)

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Nunca pensé que esconder un cadáver fuera difícil y de hecho no lo fue. Todavía recuerdo tus ojos vidriosos fijos en los míos, tu boca entreabierta aun con la última sílaba que pronunciaste grabada en ella, el ruido sordo que hiciste al desplomarte en el suelo sin vida. Esconder el cadáver fue fácil, lo difícil vino después.
Vivir con la culpa no es sencillo pero yo logré hacerlo, o por lo menos eso creía. Yo seguía con mi vida, aun consciente de que había sesgado la tuya y con el constante martilleo de tus últimos latidos en mis oídos. Conseguí seguir adelante, la culpa no me detuvo, pero tampoco me dejó avanzar.
El día que vinieron a por mí, tus latidos resonaron con más fuerza en mi cabeza amenazando con derrumbarme, con llevarse consigo los últimos vestigios de mi cordura y sin embargo no lo hicieron.
– ¿Dónde está el cadáver?
La pregunta cayó sobre mí como una losa, la verdad pugnaba por salir pero algo la retuvo. Sonreí. Ya te dije que aprendí a vivir con la culpa.

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