Signo editores / Literatura a Mil

Cuando suenan las campanas (Gabriela)

Comparte este post

Quince días duró el señor Delibes.
Un grano apareció entre las calvas del pelo plateado. El grano creció hasta el tamaño de una nuez en el exterior. En el interior debió prosperar hasta pudrirlo al completo. Una hediondez agria y rancia salía de su cuerpo, invadía la casa y se estancaba en la puerta. Nos cruzábamos de calle al pasar por el número ochenta y nueve.
Antes, visitó a la curandera del barrio. Cuando escuchó su profecía, le arrojó el dinero a la cara.
Una mañana, las campanas de la ermita sonaron estridentes: alguien había fallecido.
Salimos a la acera y nos miramos en silencio. El carrillón se estaba tocando solo… No teníamos campanero.
Antes de movernos e ir a por la vestimenta funeraria, repasamos la vida del que se había marchado. La hediondez agria y rancia se había extendido por las calles desiertas. Cerramos con un portazo.
Dicen que sólo lo veló su mujer vestida de blanco. Nunca vistió el luto.
Tiró el anillo de casada entre las paladas de tierra.

Deja un comentario

Entradas relacionadas

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies