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Costumbres (anacaillet)

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Era un hombre muy prolijo.
Vivía, según las costumbres de la época. Todo lo hacía bien, acorde a las normas sociales imperantes.
Un día, llegó a su casa y divisó sólo dos puertas; una para entrar y otra para salir, pero, no había ningún mueble.
Los ladrones no dejaron nada.
Fiel a su entrenamiento se acostó en el suelo enfrentando las dos puertas, una con los pies, y la otra con la cabeza.
Y… comenzó a practicar su propia muerte. Cruzó los brazos sobre el pecho y cerró los ojos.
Cuando llegó la policía dijo: es un difunto perfecto.

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