Signo editores / Literatura a Mil

Cosas del parque (María Luisa Benedicto Gil)

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Acertó a ajustarse la corbata con cierto nerviosismo, la ocasión requería de todos sus sentidos para que se resolviera tal y como había soñado desde hacía muchos meses.
La suerte estaba echada, nada ni nadie iba a impedirle que al fin desnudara sus sentimientos frente a aquella desconocida en el parque al que ambos acudían cada cual con sus anhelos, él, para dar esquinazo por unas horas a la soledad, y ella, para leer frente al enorme olmo que la guardaba hasta que el sol se despedía como lo ha hecho desde la noche de los tiempos.
Se preparó las palabras una a una para no fallar. Miró el reloj de su muñeca que le indicó que el momento del encuentro estaba próximo. Fijó su mirada en el pasillo jalonado de rosales por el que su amor aparecía cada tarde a eso de las seis. Y sintió en su estómago por fin revolotear las mariposas. Con un nudo en la garganta comprobó, ahogado en su desdicha, que ella, por primera vez, no llegaba sola.

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