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El contrato (Maxi Opacus)

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Miraba el vaso de Whisky con detenimiento, de abajo arriba, como el bereber mira los centímetros de arena mutar por el viento, y cambiar el desierto a modo de crema antiarrugas. Lo que contenía el vaso era su fórmula (cebada, avena y malta + condiciones de fermentación) para evitar pensar en ella. No se trataba de una humillación a fustazos de nuestro amor, pero esa decisión de mantener por seguridad aquel trabajo en el burdel italiano llamado Vaniglia, burdel rancio, rojo rancio violeta, daba por zanjado este teatro de las maravillas. Ahora son tus clientes -es una locura que me los quieras presentar – quienes huelen el argán en tu pelo. Ahora eres sólo una presencia remota, desfigurada, que quiere bañarse conmigo en la bañera de patas que compramos de segunda mano. Hubo una pelea en el bar, se me rompió el vaso, los hielos se enfadaban con el suelo, yo bajé a separarlos, no quería causarles ningún desperfecto. Salí a por ti. Se me quedaron atrás los vales, hazme un descuento.

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