Signo editores / Literatura a Mil

El cigarro de después (Alberto Alfonsin Garcia)

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La punta incandescente del cigarro ilumina el rostro que aspira la calada. Es un rostro pálido, invadido por la barba de varios días. Las pupilas de acero del hombre que fuma contemplan el panorama con el hastío de los veteranos de guerra. Nunca debió suceder así, nunca hubo otra opción. La avaricia, la estupidez y la autosuficiencia son una mezcla más explosiva que la dinamita. El rostro lo sabe, son muchos años llevando una placa. Sus manos manchan de sangre el filtro del cigarro, sangre que nunca es suya. Él sólo quería cobrar su parte, pero aquellos niñatos con ínfulas de grandes narcos se creyeron más listos, sin saber que nadie llega a poli viejo en aquella ciudad siendo tonto o blando. Las balas firmaron el cese de aquel contrato verbal. Siete muertos, el dinero en su bolsillo, siete capullos menos. La prensa lo achacará a otra pelea de bandas. El cigarro vuelve a iluminar la humedad de la noche.

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