Signo editores / Literatura a Mil

Ceres (Mª del Carmen Salgado Romera)

Comparte este post

Cada día alguna persona me trae el juguete preferido de su hijo. Ansía saber si podré repararlo o tendrá que explicarle que las cosas también mueren.
Mi abuela abrió este negocio en 1927. Entonces lo principal era vender los autómatas que se manufacturaban en la trastienda. Los dos ancianos que los construían prometieron acabar “Ceres”, una réplica en latón de la diosa, a tiempo para la fiesta anual.
Yo nunca daba la espalda a ese autómata. Por la noche me tapaba los oídos para no escuchar su canción: “Insitor, siembra, siembra sin parar, que nunca, nunca, te dejaré escapar”.
Vestidos con trajes de gala, el día de la fiesta mi abuela y yo estábamos en primera fila. Ceres comenzó a mover su hoz mientras se giraba hacia los lados. ¡Ohhh!, decían todos. Pero se endemonió. Cada vez iba más rápido. Los ancianos no conseguían pararla. Antes de destruirse, lanzó su hoz hacia mí. Me alcanzo en la frente.
Las cosas mueren, pero su recuerdo permanece en nosotros hasta que deciden olvidarnos.

Deja un comentario

Entradas relacionadas

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies