Signo editores / Literatura a Mil

Calma desasosegante (Mari Carmen Ruiz Molina)

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Ese día era viernes y trece, lo cual no presagiaba nada bueno en aquella ciudad anglosajona.
Cuando me incorporé de la cama, a la misma hora habitual de cada mañana, me extrañó el silencio que lo envolvía todo.
Mi barrio era muy bullicioso y además era el horario ajetreado en que los niños se preparaban para asistir a su jornada escolar.
No se oían pasos, ni jaleo de desayunos familiares apresurados en las cocinas, ni ecos en las radios o televisores.
Ni siquiera había ruido de fondo de ascensores o de vecinos, ni tráfico circulando por la carretera de al lado.
Me asomé a la ventana aún con mis ojos con legañas y me quedé petrificada de terror al observar mi calle.
El tiempo se había detenido, todo estaba en suspensión. No sólo los objetos urbanos como los automóviles no se movían, los seres antes vivos, ahora estaban inanimados, yacían como muñecos abandonados en el suelo. ¡Era un cuadro dantesco!
La MUERTE se había instalado para quedarse. Ya no alcanzo a recordar nada más…

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