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Basta (Wein)

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Le puso la correa al cuello y lo llevó hasta la caseta del perro.
Se agachó para atarlo en el gancho del suelo y le dio un tirón a la correa. Su marido no decía una palabra y apoyó las manos en el suelo, se echó de costado y se quedó quieto.
La mujer se dio media vuelta y volvió a la casa. Se sacudió el delantal y girando la cabeza a un costado escupió hacia uno de los canteros.
Fue directamente al dormitorio y sacó la ropa del ropero, siguió con la ropa de cama y con lo que encontró en sillas y percheros. Abrió cajones y revisó estanterías. No dejó el más mínimo vestigio humano de su esposo.
Sacó todo para el fondo y empezó a hacer una pila cerca del parrillero. Hizo tres o cuatro viajes sin detenerse. Hacía las cosas con calma. Con total certeza. Sin ninguna duda.
Pasó por el garaje y encontró una botella con restos de algún tipo de solvente. Lo volcó en la ropa y lo encendió.
Miró hacia la caseta de los perros, volvió hasta la casa y cerró la puerta del fondo.

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