Signo editores / Literatura a Mil

Azul (Miguel Bellosta Batalla)

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Sus amables ojos, siempre vivaces y expresivos en una época anterior, empezaban a apagarse. El sonido de las olas y la brisa del mar entraban a la habitación por la ventana alcanzando el lugar en el que yacía, atendiendo distraída a lo que sucedía en el exterior. Sabía que no volvería a ver la arena ni a sentir el agua en sus tobillos. Sólo la visión de sus sonrisas, agradecidas por su inagotable esfuerzo, aliviaba el sufrimiento de semejante atardecer. Sus hijos afrontarían juntos las dificultades que viniesen, y eso era lo único que importaba entonces. Saboreando ese último instante, se abandonó a la agradable sensación de haberle encontrado un sentido a su vida, y se dejó seducir por el sueño en silencio…
El aroma del café al amanecer vino acompañado de una soledad devastadora. Su sabor amargo aderezó las firmas de los documentos, antes de que los hermanos se separasen para volver a su antigua vida. Sabían que no volverían a verse. El azul de sus ojos ya nunca volvería a unirles.

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