Signo editores / Literatura a Mil

Acorralado (David Rubio Sánchez)

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Nunca hice caso a mis padres.
Mamá me decía que a las ensaladas había que añadir trozos de manzana; su dulzor maridaba bien con la acidez del vinagre.
Pero a mí nunca no me gustaron las cosas dulces.
—¡Joe! ¡Sal de una vez! —escucho fuera del cobertizo.
Papá me advirtió que jamás tuviera más enemigos que balas en el revólver.
Abro el tambor y observo los orificios vacíos.
—¡Joe! Vamos, solo queremos hablar.
Quizás debí escuchar alguna vez sus consejos.

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