Signo editores / Literatura a Mil

Abecedario (Estela Pérez Lugones)

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-Se deletrea así: T, O, N, T, A. ¿Y cómo se dice? Así: Ton-ta. ¿Entendiste tonta? ¿De dónde saqué yo que podías ser distinta? Eres incapaz de aprender.
Marianela temblaba atrapada en la visión del puño cerrado golpeando contra la mesa. Sabía que él no le pegaría si se quedaba quieta. Que todo su enojo iría a parar a la madera.
– Son todas iguales. ¡Tontas! ¡Inferiores sin solución!
Y Marianela lloraba sin sonido. Sabía que en un rato –un rato larguísimo al que le faltaba mucho tiempo- él se aplacaría. Que dejaría de girar alrededor suyo rugiéndole y salpicándole la cara con saliva caliente. Que le pediría perdón y le diría que la amaba. Y que si actuaba así era porque “la letra con sangre entra”. Nadie la querría como él, que la sabía inteligente pese a todo, aunque no fuera capaz de leer “campo” ni “cielo”. Ya lo lograría. Era cuestión de tiempo. Ni bien su Marianela pudiera, sentada en ese mismo banco, tocar el suelo con los pies.

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