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Rottweiller (José J. Morillo)

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Eligió a Rott porque era como a él le gustaba verse: Imponente, atlético y enérgico; un compañero con el que salir de aquel irritante duermevela llamado jubilación. Ahora, mientras lo arrastraba como si fuera él a quien sacaban a mear, reverberaba el “te lo dije” de su mujer sobre la imagen de aquel Bulldog “tan mono” que ella hubiera preferido. Pero es que el parecido era inquietante, hasta en los ronquidos. No, eligió aquel precioso Rottweiller negro y canela, aquel maldito demonio que tiraba de la cadena hasta levantarse sobre los cuartos traseros como un conquistador reclamando cada palmo de territorio.
-Maldito cabrón.
A aquel exceso de testosterona había que añadir ladridos y dentelladas a cualquier bicho viviente con el que se cruzaba. Comunista convencido, se veía rezando cada mañana con tal de evitar cruzarse con un gato. Ya le habían dicho que castrándolo solucionaría el problema, pero aquello le parecía cruel. Ni hablar. La jubilación ya le había tocado los huevos bastante.

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