Autores

Réquiem a la poesía que ya no escribirá Leonard Cohen

Comparte este post

Tengo una obsesión, lo admito. Cuando un autor o artista contemporáneo fallece no puedo dejar de pensar qué sucede entonces con todos los universos que lo componían. Es una especie de tristeza programada, una última cita con un imaginario brillante que el mundo echará en falta.

Permitidme recordar a Leonard Cohen como el poeta que fue y no solo como a un brillante cantautor. Ahora que muchos se plantean si Bob Dylan puede ser merecedor de un Nobel de Literatura, dejadme recordar al galardonado con el Premio Príncipe de Asturias de las Letras con el luto que merece.

“Conforme me fui haciendo mayor  comprendí que las instrucciones eran claras: No te lamentes Leonard, si quieres expresar las derrotas que todos llevamos dentro tiene que ser dentro de los confines de la belleza. Y justo en esas instrucciones encontré a mi yo”, explicó el poeta al recibir el galardón.

Con esta meta clara, Cohen construyó a lo largo de su vida un camino de palabras que pueden aniquilar a su paso y un recorrido de poemas que pueden sanar al lector más descreído. Conmigo consiguió ambas cosas: me destrozó y alivió en dos momentos necesarios de mi vida.

Con apenas 18 años cayó en mis manos Beautiful Losers (Los hermosos vencidos) y fue una de las desgracias más deliciosas que me ha sucedido como lectora. De hecho, admito que nunca he tenido la capacidad de hacer una crítica sobre este libro, aunque me hubiese gustado. Quizás porque no encuentro las palabras para contener el torrente de tristeza que me provocó en aquel momento.

Beautiful Losers explora un triángulo amoroso plagado de obsesiones sexuales,  traiciones, recuerdos y grandes dosis de tristeza. Cabe resaltar que fue escrito cuando Leonard Cohen aún no se dedicaba profesionalmente a la música y se encontraba profundamente deprimido: es un experimento. No tiene la pretensión de ser una gran novela o de seguir un hilo argumental complejo, tiene la misión de succionar al lector y vaciarlo por dentro o quizás llenarlo de emociones genuinas. Y conmigo lo logró de lleno.

“¿Cómo voy a empezar algo nuevo con tantos ayeres dentro de mí?” se preguntaba de forma desoladora uno de los personajes principales de la novela, dejando este interrogante salvaje frente al lector desnudo.

Años después Leonard Cohen logró aliviarme tras la muerte de un amigo que tan solo tenía 21 años. Porque ante la muerte, y esto lo sabe cualquiera que haya sufrido una pérdida, rara vez uno logra encontrar un consuelo que realmente reconforte. Es un dolor necesario por el que uno debe transitar a solas.

Los primeros acordes de Hallelujah, acompañados de la voz rota de Cohen hicieron que me hundiese en un pozo profundo

“It goes like this
The fourth, the fifth
The minor fall, the major lift
The baffled king
Composing Hallelujah”

Quise quedarme a vivir en el río Wolff junto a Jeff Buckley y llevarme conmigo aquellas estrofas

“She tied you to a kitchen chair
She broke your throne
And she cut your hair
And from your lips
She drew the Hallelujah”

Y justo después, ahí estaba: la esperanza descarnada que rompe a llorar

“It’s not a cry
You can hear at night
It’s not somebody
Who’s seen the light
It’s a cold and
It’s a broken Hallelujah”

No había más palabras ni se las esperaba. Cohen se las había llevado todas. En 7 minutos y 21 segundos me había explicado que él me entendía, que perder a alguien querido es una boca llena de dientes afilados y amenazantes. Y dentro de la fatalidad que define la condición humana, el poeta dejó un espacio para la esperanza. Porque Cohen era tristeza y misticismo a partes iguales. Y juro, que más que en cualquier otra ocasión en toda mi vida, deseé tener la fe de la que hablaba Cohen en esa canción: que mi amigo no se hubiese ido, que volviésemos a vernos algún día, que todo el dolor tuviese sentido o parecerme un poco a aquella canción. Quise pensar en el dolor puede ser una catedral compuesta de belleza con una explicación que no alcanzamos a entender en el proceso.

Desde ese momento, me sentí íntimamente ligada a Leonard Cohen. Su último poemario, “El libro de los anhelos”, se convirtió en uno de mis libros de referencia.

Ofrezcamos un último réquiem al maestro de la voz quebrada. Hallelujah.

4 comentarios

Javier Peñas 25 enero, 2018 Responder

Has conseguido, Cristina, que quiera conocer mejor a Leonard Cohen. Ya me gustaban algunas de sus canciones más conocidas, pero no sabía de su faceta como escritor. Después de emocionarme con tu artículo, no me queda más remedio que leerle.
Gracias.
Un abrazo.

    Qué suerte haberte emocionado pero, sobre todo, haber despertado tu curiosidad por la faceta de escritor de Cohen. Un abrazo.

Increíble la demostración del amor del amor que se le tiene a un autor, sólo denotado y hablado con con letras, tal y como se llama esta web.

Deja un comentario

Entradas relacionadas

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies
A %d blogueros les gusta esto: