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Quien la sigue, la consigue

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La boda de Kate es una novela entretenida, con dosis de humor y, sobre todo, un alegato al amor duradero

¿Quién dijo que las terceras partes no son buenas? Sí, he dicho terceras partes y no segundas, ahora me entenderéis mejor. La novela que os traigo hoy  trata sobre ese amor imposible en la adolescencia, pero que por cosas del destino, vuelve en la última etapa de la vida. Ese es el argumento de La boda de Kate, una novela escrita con el buen gusto que caracteriza a su autora, la escritora Marta Rivera de la Cruz.

En estos tiempos que corren, con el mal humor y los problemas acechando en cada esquina, la sonrisa que esta novela consigue sacar a los lectores es toda una bendición. Kate es la protagonista, una mujer viuda, sin hijos, a la que el destino quiso que heredara de su tío una pequeña fortuna.

Vive en Ribanova, junto con dos amigas y justo el día de su 72 cumpleaños llega una sorpresa que no se esperaba: Forester Smith, el hombre al que rechazó en tres ocasiones (una siendo estudiantes, otra cuando acabó la universidad y otra cuando tenía 35 años) y el que, a pesar de tener que experimentar la amargura de ver como Kate se casaba con un viudo con dos hijos, no desiste en el intento.

En esta ocasión, decidió tirarse a la piscina y le pidió matrimonio. Pero, esta ocasión fue diferente, porque la rebelde Kate da su brazo a torcer y decide casarse finalmente con él, aunque sea ya en la última etapa de su vida.

La trama central gira en torno a los preparativos de la boda, un enlace en el que no todo el mundo está de acuerdo, sobre todo la familia de la novia, que teme que el nuevo esposo acabe con la fortuna.

Esta novela, pese a la sencillez del relato y a una trama que discurre de manera lineal, sin sobresaltos, es digna de colarse en la lista de las siguientes publicaciones para leer, aunque solo sea por comprobar la destreza de la escritora con la pluma, capaz de describirnos a la perfección los personajes (lo que nos permite identificarnos con ellos en alguna ocasión) y, lo que es más importante, sacarnos una sonrisa, ya que no deja de ser curiosa la historia (aunque haya casos reales, sino que se lo pregunten a la Duquesa de Alba, a los años que ha pasado por el altar).

La moraleja que podemos extraer de esta novela es que la edad no tiene que ser obstáculo para conseguir aquello que uno se propone y, como dice el refrán: “quien la sigue, la consigue”, aunque para ello tenga que pasar muchos años.

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