Autores / Perfiles

¿Quién era Mercè Rodoreda?

Merce Rodoreda Comparte este post

De repente me acechaban fantasmas del pasado y en tal instante apareció Mercè Rodoreda nada menos que en compañía de Gabriel García Márquez, por supuesto, quedé anonadado. No me quedó más remedio que hacerme la siguiente interrogación:

¿Quién era Mercè Rodoreda?

Mujer nacida en Barcelona (1908-1983) que escribía novelas profundamente hermosas y muy duras, en un catalán espléndido y, claro está, que dominaba a la perfección. La vida privada de dicha autora es un gran misterio, de hecho, es casi imposible hallar alguna persona que la conociese de verdad. Sus libros rezuman una enorme sensibilidad y extrañeza sin igual. Lo que sí sabemos con certeza es que pasó la Guerra Civil en Cataluña y en sus novelas plasma excelentemente el estado de su alma. Su padre falleció en dicha guerra, aquel que de niña le recitaba poesía.

Tiempo después se trasladó a Ginebra donde tuvo la fortuna coincidir con Julio Cortázar y su mujer. Y así, desde la lejanía y no sin nostalgia, escribió la mayor parte de su obra literaria. Como no podría ser de otro modo, regresó a las callejuelas de Barcelona, que tanto amaba y conocía, para proseguir con su magistral escritura allá por 1972. Las calles en la literatura de Mercé Rodoreda son de importancia capital, sin olvidar la descripción del puro invierno o la buena música presente en el instante exacto. Ella bebe de la ciudad y las convierte en palabras, al fin y al cabo, la novela son palabras, eso sí, palabras colocadas en el lugar adecuado. Y de esto Mercé Rodoreda fue una gran maestra.

Un encuentro con Gabriel García Márquez

El escritor de Cien años de soledad sentía gran admiración por Mercè Rodoreda y el hecho de que contasen con el mismo editor facilitó las cosas para su ansiado encuentro. García Márquez mencionó que la insigne escritora le sobrevolaba un aire distraído y que halló exquisitamente definido en uno de sus prólogos: «Quizá la más marcada de mis múltiples soledades sea una especie de inocencia que me hace sentirme bien en el mundo en que me ha tocado vivir». Conversaban con entusiasmo sobre arte floral, que era la otra pasión de Mercé Rodoreda y, por supuesto, de la amada literatura.

Según relató Gabriel García Márquez, le sorprendió que el mayor interés de Rodoreda fuese por el gallo del coronel que no tenía quien le escribiera, y a ella, contrariamente, le llamó en exceso la atención que a él le entusiasmase tanto la rifa de la cafetera en La plaza del Diamante.

En uno de sus encuentros, Márquez afirmó que Rodoreda era una copia viva de sus personajes y casi metida en el ascensor, ella dijo: “Usted tiene mucho sentido del humor”. Y la puerta se cerró. Así finalizó la velada entre dos grandes de la escritura hispanoamericana. Podemos sentirnos muy afortunados, sus grandes novelas siempre nos acompañaran y, claro está, nos harán la vida más llevadera.

La plaza del Diamante, nos traslada a un monólogo interior a través de la vida de Natalia, La Colometa (apodo impuesto por su novio.) Nos transmitirá a la perfección los sentimientos más profundos del alma de la protagonista. Advierto, nos quedaremos petrificados y sin respiración, pero afirmaré, tendremos la imperiosa necesidad de avanzar y, por tanto, ir descubriendo poco a poco el desenlace de la novela. Con tono perfecto y un halo de ingenuidad e inocencia y una sinceridad aplastante la autora construye la narración casi perfecta, por no decir perfecta.

Imposible detener esta ávida lectura, en la que se sucedían la Julieta, Pere, Cintet, Colometa o el tal Quimet.

Mercè Rodoreda, afirmó que “Una novela es un acto mágico”. Creo que es algo muy cierto y más si se tiene la fortuna de leer La plaza del Diamante:

«Y dijo que me había dicho que dentro de un año sería su señora y que yo ni le había mirado, y le miré y entonces dijo, no me mire así, porque tendrán que levantarme del suelo y fue cuando le dije que tenía ojos de mono y venga a reír(…)»

«Todo lo decía muy contento y yo estaba pensando en lo que había querido decir cuando había dicho, pobre María… (…)»

«En casa vivíamos sin palabras y las cosas que yo llevaba por dentro me daban miedo porque no sabía si eran mías…(…)»

¡Tened cuidado, hay novelas que te agarran el alma y no te sueltan!

Un paseo por su obra literaria de Mercé Rodoreda

Aloma (1938), Colección de cuentos (1958), La plaza del Diamante (1962), La calle de las Camelias (1966), Jardín junto al mar (1967), Colección de relatos (1967), Espejo roto (1974) y Cuánta, cuánta guerra (1980).

También escribió teatro y se adentró en el oleaje de la poesía, incluso hizo su incursión en la pintura.

Deja un comentario

Entradas relacionadas

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies
A %d blogueros les gusta esto: