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Memoria sin atenuantes, Gabriel García Márquez

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La paradoja de las relaciones amorosas es un tema recurrente en las obras de Gabriel García Márquez.  En sus historias, el amor paradójico no se caracteriza sólo por la fuerza que da plenitud a la vida, sino también por los temores y las angustias de la propia existencia; de hecho, se hermana con la muerte desarrollando un papel significativo de forma circular para que se despejen las tinieblas del alma humana y el porqué del comportamiento humano. Tratando la escritura como un eje de conocimiento y medio de liberación, Gabriel García Márquez ha elegido para sus textos ideas, personajes, temas y motivos recurrentes que se comunican orgánicamente, idénticos a unos paisajes de memoria dolorosa.

La increíble y triste historia de la cándida Eréndira y su abuela desalmada se caracteriza por una yuxtaposición satírica de nociones contradictorias, la cual denota la vista irónica de la realidad ya citada por el título, primera frase de una novela. Con respecto al tono irónico, el mito de Ulises repasado por la mirada de Marqués toma otro contenido y funcionamiento ante las lecturas contemporáneas. El héroe homérico es ya la sombra del héroe de Márquez. En esta novela, él funciona como un hombre que, en teoría, quería dejarse querer, pero la vida le impide. Hay que matar a la abuela de Eréndira. La muchacha está sufriendo por la austeridad de la abuela en casa y su decisión de exponerla a riesgos y maltratamientos por otros hombres. Así el héroe de la novela es héroe en el marco de un pacto cuyo desenlace es triste.

En esta historia, se desarrollan dos modelos del propio “yo”: el modelo de la dramatización, en cuanto a la relación con el propio “yo” y él de la valorización, en cuanto a la relación con el “tú”. Ambos tienen que ver con la postura ante la muerte y el amor. Por consiguiente, en el proceso de la elaboración de la obra, se nota la tragedia irrevocable.

En el ámbito dramáticamente trágico, los puntos de referencia de la muerte como los del amor también nos sirven como signos de la misma situación trágica, irónica, polivalente en términos sociales. En la novelística general de Márquez nada sobra. Cada frase ha sido pensada y situada de tal modo que lograra un equilibrio de pensamientos a través de los personajes. Estos últimos obedecen a formas sociales de rasgos semánticos que se van sumando a medida que se desarrolla la historia. Más específicamente, la abuela, aunque austera, simboliza la sociedad y la jerarquía a la que combaten las personas, especialmente los jóvenes. Por otro lado, Ulises es el forastero, el inmigrante capaz que tiene que comprobar sus fuerzas. De hecho, este Ulises es joven y jugador prometedor. En el marco del contraste de símbolos, Eréndira es la muchacha inocente quien espera a los otros que la salven en lugar de luchar por su independencia y libertad. Es la que pidió a Ulises que matara a su abuela. Asimismo, la postura feroz de la abuela demuestra su incapacidad para el amor, en el curso de los años, después de haber perdido a su marido. En cambio, Ulises es la persona desraizada, en busca de su destino, tiene que aceptar los retos de la situación desconocida y seguir adelante, hacia la Ítaca perdida, un lugar de memoria y añoranza.

Ilustración de Erendida

De origen, “Ítaca en busca” se hermana con el erotismo en el presente. Ese erotismo, citado por Georges Bataille, está relacionado con los intercambios, los movimientos que se desarrollan de un pasaje al otro. No tiene motivo preciso sino posibilidades infinitas. Todos somos transeúntes, ante un camino erótico hecho de discontinuaciones. Aprovechamos la circunstancia y las contradicciones para adelantar el viaje. Sin embargo, el contraste valorizado de los poderes, entre Ulises y la abuela, y entre la abuela y su nieta, subraya los aspectos negativos de la propia vida, en el ámbito de la cual hay enajenación, malhumor, criminalidad y corrupción, cuando nos haga falta el erotismo, es decir, el amor de cada persona por sí misma.

Siendo esto así, es fácil suponer que la otra Ítaca perdida aquí, se refiere al diálogo perdido, cuando las personas solitarias llevan vidas sin colectividad contra el bien público y común. Así la presencia del otro señala castigo y barbaridad. Eso se vislumbra desde el principio y la primera frase del cuento, cuando el lector lee que “Eréndira estaba bañando a la abuela cuando empezó el viento de su desgracia”. La repetición de la frase “sí abuela” demuestra la obediencia muda de Eréndira sin resistencia. Aunque por la parte de la abuela, la incapacidad de amar conduzca a la extrañeza, tampoco Eréndira ama verdaderamente a su abuela. La estima, pero no puede amarla en el marco de esas exigencias sin parar. Si el tiempo que nos sobra, es memoria, los recuerdos de la muchacha la hacen pensar en su destino y su carácter innato.

En el intento de precisar más su tema, en La increíble y triste historia de la cándida Eréndira y su abuela desalmada, Márquez por su título señala que se trata de unos personajes en los confines de la soledad. Cada personaje tiene un mundo cerrado. En resumen, puede decirse que se pone en prueba la noción del diálogo, cuya incertidumbre se expresa por los dos adjetivos utilizados como pilares de la misma situación amarga y dulce a la vez. Tan “increíble” como “triste” la historia de Eréndira y su abuela expone también la idiosincrasia femenina por la cual hay brechas en la relación entre las dos mujeres. La mezcla de esos adjetivos, pues, resulta irónica.

Por supuesto, estamos ante un ejemplo de la dualidad que aúna el amor y la muerte como pareja eterna, sin fronteras. El dolor es el resultado con el cual tenemos que seguir adelante hacia nuestra madurez.

En el plano en el que se sitúa el conocimiento de Eréndira y Ulises, se revela también una antítesis de masculino-femenino. Eréndira por su nombre nos suena como la muchacha que no se rinde hasta el final, que desea continuar la historia de su vida esperando al gran salvador, a Ulises, quien pudiera hacer un cambio tan drástico, para ella, en relación a la cerca viva del pasado. Lo que éticamente y por razones morales ella no puede hacer, pide a él que se lo haga, porque Ulises es el héroe universal.

En este punto, merece la pena examinar unas connotaciones. En el sentido de la antítesis, las palabras de Ulises a Eréndira tienen un valor significativo, con un argumento respectivamente visionario, cuando se menciona que “el mar es como el desierto sino con agua”. De ahí que las frases detalladas resulten tan importantes. El diálogo no se usa exclusivamente como medio de comunicación sino como canto lírico, lugar memorizado. A través del “diálogo entre pausas” se establece un juego erótico de memoria, de mitología, cuya herencia funciona como fuente de habla y conversación larga entre los personajes, en la profundidad de las sentencias. De ahí que los puntos del realismo mágico surjan.  Aficionado a la creación de pos realidad como fruto de imaginación y meta ficción, Márquez se ha basado en la esfera de lo imaginario para entrar en la realidad de nuevo y con una mirada ya depositada.

A continuación, vamos a prestar atención a unos puntos de la obra. Los ojos de Ulises son “diáfanos” y “ansiosos”. En primer lugar, Eréndira lo mira y luego conoce su nombre. Al descifrarlo, piensa que es “nombre de gringo” para que Ulises le diga que es “de navegante”. Lo mismo, en torno al juego de palabras y visto en sentido centrífugo, sucede a propósito del conocimiento de Ulises y de la abuela. Ella se introduce a Ulises como “la Dama”. Desde el punto de vista cultural, el amor verbal y verosímil entre Eréndira y Ulises viene a llenar el vacío abierto entre sus diferencias, las creencias de Eréndira y los caprichos de Ulises. Además, el intercambio de palabras es un breve comentario sobre América Latina, la cual fue percibida como el lugar del atraso, de la creencia, de la superstición y del marginamiento de la ley. El mundo de la abuela, su postura corresponde a esa percepción estereotípicamente cultivada también por varios textos y escritores.

En el caso de Márquez, el empleo de una lengua más cuidada y rica se junta con el interés por contar una historia cuya incidencia en la realidad no es su primordial objetivo. En cambio, como sus obras abarcan varios asuntos, está claro que los personajes pertenecen a mundos distintos y contradictorios. A decir verdad, la realidad que envuelve al hombre aparece siempre destruida en la inminencia del desastre. El dolor como forma de mantener viva a la persona amada se utiliza por Márquez con el fin de demostrar la sustancia de la propia vida. Hay que reconciliarse con el dolor y amarlo. Eso es el secreto profundo; lo que afecta a todos los seres y hace una situación sostenible. Hay que aprender a través del dolor-maestro.

En el contexto peculiar del Realismo Mágico que se refiere también a nuestra capacidad de interpretar el mundo y corresponde a la comprensión de nuestra identidad cultural, hay que enfocarse en esta ilación entre la literatura griega antigua y la literatura moderna. El enlace entre las dos entidades hace el texto posterior ordenado, coherente, justificado. En La increíble y triste historia de la cándida Eréndira y su abuela desalmada– como suele suceder en La Hojarasca-la situación se acentúa por tres voces: la de Ulises, la de la abuela y la de Eréndira. Ulises y Eréndira se empiezan a amar y por consiguiente la abuela es el obstáculo en esa relación para que se cumpla la promesa de su amor. Por otro lado, Ulises ama a sí mismo. A través del viaje, lo que parece lo mismo se aparece involucrado en el proceso de la propia aventura. Así como es, Ulises no se puede quedar con Eréndira. La abuela entonces no es nada más que el obstáculo aparente, exterior. El obstáculo interior, el monólogo, es el motivo moral por el cual Ulises no intenta prorrogar su estancia con Eréndira. En estas alturas, se nota la derrota del amor y su vínculo inevitable con la muerte, en contraposición a la situación existencial.

Macondo ilustrado por Luisa Rivera

En resumen, a través de la narrativa de esa obra se amalgama también lo maravilloso y exótico de la “verdad” Macondiana presentada de otro modo. Como Macondo “llegó a ser una ciudad de espejos y espejismos”, en esta obra, su influencia se nota a través del diálogo sometido en una imagen de ruinas, olvidada o añorada, como la de Ítaca. La Ítaca del pasado no existe y eso es triste. A decir verdad, eso es algo exóticamente triste, porque la realidad vista como meta ficción nos incita a verla como paraíso perdido. Entonces Ítaca aún existe; de otro modo. Es el fantasma real de nuestras convicciones y esperanzas. Es un “psico-lugar”.

En conclusión, la problemática del amor y de la muerte abordada por Gabriel García Márquez no se termina aquí. En la mayoría de su obra, se nota esa mirada doble, cuya dualidad se justifyal mundo real y al mundo de los muertos. La simbología es de tal carácter que los lectores contemporáneos puedan ser coleccionistas de instantes, ruinas, frases. La relación con este género de la literatura es profunda, prometedora, permanente. En este sentido, en el campo de las sociedades arcaicas, cabe suponer que las personas estaban dispuestas más a hacer sacrificios en vez de desear y querer. De este sacrificio nos habla Márquez. Aborda el asunto del amor y de la muerte como una acción sin acción, una situación de situaciones en virtud de su forma simbólica y su origen.

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