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Lugares fuera de sitio de Sergio del Molino: La delgada línea

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La paradoja se nos muestra cristalina, juguetona: en un mundo cada vez más globalizado, seguimos dando mucha importancia a las fronteras. Obviando —aunque sea importante— su vertiente geopolítica, las fronteras son testigos de nuestra propia historia, son una muesca que habla mucho de nosotros, de la gente, de las costumbres, de esa particularidad que parece anclada a un trozo de tierra sin explicación lógica.

En la literatura hemos encontrado un sinfín de intentos por encontrar ese nexo de unión, el hilo invisible que parece atarnos a la corteza terrestre —y no hablamos de la gravedad— y que termina por conformar toda una cultura que influye a generaciones de seres humanos a lo largo del tiempo.

Lugares fuera de sitio, escrito por Sergio del Molino y ganador del Premio Espasa 2018, es el último acercamiento a ese mundo fronterizo desde un punto de vista ensayístico. Alejado por completo de la narrativa de frontera que proviene de Estados Unidos (con Cormac McCarthy como gran exponente), del Molino prefiere centrarse en el factor humano de las gentes que habitan lugares que parecen estar entre dos aguas. El entorno es importante, la historia es importante, pero al final las que absorben ambos factores son las personas.

Melilla, Ceuta, Andorra, Llívia… son algunas de las áreas que el escritor visita; combinando los datos históricos con las anécdotas de sus habitantes, del Molino muestra el ejemplo de colectivos que han crecido en la constante disputa, en el conflicto casi eterno, y que han llegado a la conclusión que la convivencia es la única manera de prosperar como es debido.

Ese espíritu de tolerancia es el que flota constantemente en el libro, de forma muchas veces sibilina; un concepto en el que no tienen cabida las aristas más combativas de los estados, considerados invenciones y que son demasiado recientes como para ser un activo en la particularidad de estas fronteras. En realidad, la idiosincrasia de estas delgadas líneas se ha ido forjando con el transcurso de los siglos, sus habitantes viviendo siempre en constantes disputas, con la sensación de no pertenecer a ningún sitio y a todos a la vez. Y es ahí cuando aparece el factor humano.

Lugares fuera de sitio es un retrato de personas, seres humanos que son herederos directos de otras vidas, rituales y costumbres transmitidas sin interrupción, de una forma de ver el mundo que no se asemeja al de otro tipo de ciudadano. Como en otros lugares, pero aquí más incrustado en el ADN. Podría decirse que son rarezas, sitios que no deberían existir y cuyos habitantes parecen pertenecer a otra estirpe del género humano: en esa observación radica la fuerza del ensayo, en la atracción por el anacronismo y una suerte de viaje en el tiempo.

En todos los capítulos del libro encontramos al autor deambulando por esas fronteras, a modo de viajero-narrador; da una pincelada geográfica de las tierras, los pueblos y se mezcla con la gente. Es cuando aparecen las anécdotas personales, habitantes que se prestan a dar su voz en el ensayo y dan muestra de cómo la cultura siempre se transmite por canales personales, por filtros sentimentales en muchas ocasiones y que nada o poco tienen que ver con factores externos. Al mismo tiempo, del Molino da contexto a esas pequeñas historias proporcionando un fresco histórico del lugar que ayuda a situarnos en el mapa, nunca mejor dicho.

Narrado con un estilo sobrio pero cargado de pequeños detalles que lo hacen muy ameno, el ensayo no se embarra en ningún momento y posee ese dinamismo que casa perfectamente con el espíritu de lo que sería un libro de viajes —aunque en este caso no sea tal género, aunque no oculta sus influencias—, páginas en las que se va de un sitio a otro con relativa velocidad.

Hay, por supuesto, la sospecha de estar leyendo sólo una pequeña muestra de la realidad de aquellas tierras, pues al final no se puede olvidar que el autor es un viajero que pasa de forma temporal por allí, que no vive y que no ha mamado de aquellos vientos. Es, por tanto, un gran libro de ensayo por y para quienes no vivimos en esas fronteras, y que tal vez es la única manera de acercarnos a ellas desde la distancia.

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