Libros

Lo salvaje, viaje indómito hacia nosotros mismos

Lo salvaje – Antonio Egipto Comparte este post

Encontrar un poemario fresco en el mercado editorial es siempre una grata noticia y un oasis en pleno desierto. Sin desmerecer las tendencias que sigue este género en nuestro país, es cierto que en ocasiones se echan en falta propuestas nuevas, voces divergentes o discursos apartados de lo convencional.

Lo salvaje, de Antonio Egipto, es un libro afortunado en este y otros sentidos. En primer lugar, suena a tributo a la generación beat que tanto aprecio – Kerouac camina a paso agitado por sus páginas – y en segundo lugar el libro propone un viaje indómito que pude recorrer durante un viaje a Berlín.

¿Os habéis fijado en cómo afecta el lugar en el que leemos un libro a nuestra percepción de la obra? ¿En cómo los recuerdos se entrelazan entre nuestro viaje y las páginas que nos acompañan? Eso me sucedió en la capital alemana, que los poemas de Egipto me sirvieron como preámbulo para tres noches entre cuerpos convulsos y bares ajetreados del barrio de Friedrichstrase.

Borrachos, eso es,

Cerveza los días de verano,

Whisky solo y algo de soda el resto del año.

Podemos hacerlo cada día,

Emborracharnos, claro.

Y en la noche descubrir

El lado salvaje de los cuerpos.

El libro es más bien un manifiesto, una hoja de ruta para las almas libres y las espaldas nómadas que creen que el camino es la única carretera posible hacia nosotros mismos. Y en ese transitar de lugares, cuerpos y noches Antonio Egipto va reuniendo imágenes mentales que nos son familiares a algunos.

Es interesante que la propia ordenación del poemario siga un viaje – que no voy a desvelar a posibles lectores – desde una pérdida hacia lo salvaje, con todo lo bueno o malo que implica ese autoconocimiento.

Y yo caminé por Lo salvaje en busca de mí misma y los fantasmas que me componen porque “El camino no piensa en si es verde, barro, ramas, piel, no tiene mapas, ni colinas, ni prados, ni brújulas, sólo la senda desnuda de lo salvaje” como reza el poema que da nombre al libro.

Así, mi viaje y mi lectura fueron un maridaje perfecto. No existe una ciudad en Europa como Berlín, con esa cara trasnochada y esa vitalidad tan edificante como destructiva, y tampoco pudo haber un mejor acompañante de bolsillo para reflexionar sobre las cosas que uno pierde casi sin darse cuenta.

Pero en esa búsqueda, de Lo salvaje a mi propia vida, los poemas suenan a bares de carretera que nunca cierran, a las conversaciones de barra de bar que tuve con mi acompañante y también a los dolores que nos visitan habitualmente y que el autor consigue capturar con maestría.

Me gustó por su frescura, también por su falta de pretensiones. Como los buenos viajes. Mentiría si os dijese que me hice con este poemario de forma casual, Antonio Egipto es un viejo conocido del mundillo literario, al mando de la editorial Bandaparte que sigo de cerca desde hace algún tiempo. Y su propuesta no decepciona, algo diametralmente opuesto más bien, llena de energía y ganas de seguir al filo de la carretera.

Deja un comentario

Entradas relacionadas

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies
A %d blogueros les gusta esto: