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¿Leer nos hace inteligentes?

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La pregunta tiene miga, y viene a colación de un artículo que apareció no hace muchos días en los medios escritos, en el cual un estudio de alguna universidad americana —parecen las únicas creíbles a la hora de hacerlos— el mero acto de leer no significaba ninguna modificación en la capacidad intelectual de quienes se dedicaban a este hermoso ejercicio. Y a mí me asaltan las dudas, pues la literatura —ya sea de ficción, poética, académica, filosófica…— ha dado grandes pensadores a la historia, aportando relatos que han ido más allá de las letras y han transformado nuestra sociedad. Tal vez el arte que menos límites tiene y que más horizontes puede explorar. ¿Realmente no consigue que nuestro cerebro sea mejor?

Si pensamos en un sabio, en un erudito, es imposible no hacerlo viendo a ese buen hombre —o mujer, pero a bote pronto nos costaría más visualizarla. Me avergüenza admitirlo en mi caso, pero es lo que sucedería. Una desgracia, pues debería haber mujeres sabias en nuestra imaginación, pero el machismo con el que nos educaron es cruel. Ojalá en un futuro podamos imaginar a sabias sin esfuerzo— rodeado de una pila inacabable de libros, de estanterías que se pierden en la lejanía. La imagen popular de la sabiduría siempre ha estado ligado a dos aspectos: los libros y la longevidad.

Hoy en día, pese a todo, seguimos pensando en pensadores, filósofas o gente de alto intelecto perdidos y perdidas en los laberintos de su biblioteca personal —ejemplificador es el vídeo, que se hizo viral hace unos años, del escritor Umberto Eco recorriendo su enorme casa plagada de libros por todas partes—, siempre con un libro en sus manos o hablando de ellos. Son figuras inseparables.

Queda claro, pues, que al menos literatura y sabiduría han estado estrechamente relacionadas desde que el mundo es mundo. Ahora bien, ¿sabiduría es igual a inteligencia? Esta pregunta daría para varios artículos, y seguramente no sacaríamos nada en claro como respuesta, pues mucho me temo que ambos conceptos, a grandes rasgos, son muy interpretables según quien opine. Pero, del mismo modo que sabios y sabias están unidos a los libros, sabiduría e inteligencia también se conectan mediante un hilo invisible; un hilo que proviene de la literatura.

¿Leer nos vuelve más inteligentes? No lo sé. Según el estudio americano, no. Pero no es una cuestión tan sencilla como para emitir una respuesta cerrada; la inteligencia es algo demasiado complejo que no puede encorsetarse en respuestas estáticas. Lo mismo que la literatura, en constante mutación y que escapa a estudios cerrados o definiciones demasiado estrechas de miras. Se suele decir que la sabiduría se adquiere —en la mayoría de los casos— de la conjunción del paso del tiempo y la experiencia en la vida de cada persona: cuantos más años y más experiencias vivimos, más sabios y sabias nos volvemos. Partiendo de esa premisa, que me parece más que acertada, los libros no dejan de ser una manera intelectual de vivir esas experiencias y acumular años sin que realmente esté sucediendo. Algo así como magia: con la literatura podemos viajar, experimentar el paso de los siglos, vivir experiencias a través de otros ojos… todo sin que apenas pase el tiempo, pudiendo vivir varias vidas en una sola. Leer nos entrega en bandeja una cantidad infinita de sabiduría al alcance de la mano.

Pese a todo, me niego a creer que la lectura no tenga ese poder amplificador en nuestro cerebro; quizás en una mente adulta su impacto sea algo menor, pero no me cabe la menor duda que en manos de un niño la literatura tiene un poder transformador impresionante. Esos cerebros-esponja absorberán todas esas vivencias, todos los pensamientos que tantos y tantas escritores/as dejaron como legado al mundo. Ya sea una aventura de piratas, un cuento de animales… la imaginación nos lleva a la curiosidad, y ésta a su vez nos abre las puertas al conocimiento.

Así pues, ¿leer nos hace más inteligentes? ¿Nos hace más sabios? ¿No hace nada más que volvernos miopes? Tal vez no los haga más inteligente —aquí entrarían otros factores genéticos, de ambiente, etc… demasiado frío en mi opinión— pero sin duda estimulará su intelecto como pocas cosas podrán hacerlo.

Inteligentes o no, sabios y sabias o no… leer nos hará mejores sí o sí.

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