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La uruguaya, la fábula adictiva de Pedro Mairal

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Ocurre con algunos libros. Pasas la última página, y se te queda una sensación de orfandad, el anhelo de más. Lecturas absorbentes que nos conducen a toda velocidad desde la primera palabra al Fin, y el telón que se baja. La uruguaya, del argentino Pedro Mairal (Libros del Asteroide), es un buen ejemplo de este tipo de textos.

En La uruguaya, un librito de apenas 144 páginas, Mairal nos sumerge en la tragicómica vida de Lucas Pereyra, un escritor argentino cuarentón, en plena crisis vital, que cruza el río de la Plata hasta Montevideo para cobrar unos anticipos por los cuales en Argentina habría de pagar muchos más impuestos. Pero no solo viaja a Uruguay por el dinero, en la ecuación entra también Magali Guerra, una veinteañera que conoció en un encuentro literario, y con la que espera consumar un desliz que se le resiste.

Escrita en primera persona (lo cual permite mantener la incertidumbre en torno a determinados acontecimientos, además de profundizar en el discurrir mental de los pensamientos de Pereyra) y con una prosa muy discursiva, repleta de términos de español argentino, Mairal nos empuja por un día en la vida de Pereyra. Pero no un día cualquiera, sino uno de esos en los que se reúnen numerosas coincidencias y acaban adquiriendo gran trascendencia. La narración, fluida y brillante, sugerente y sencilla, va perdiendo luz a medida que avanza y la estructura de fantasía que Pereyra ha construido alrededor del dinero y de Guerra se deshilvana.

La tormenta matrimonial, la paternidad, de las que escapa, síntoma de una adolescencia alargada hasta lo patético, contrabalancean la pulsión de la fantasía. La novela, así, penetra los terrenos arenosos del drama cotidiano, pero no pierde nunca el pulso al equilibrio entre lo cómico y el drama, quizá porque detrás de ambas partes subyace la pasión. Desde nuestra cómoda posición de lectores, observamos cómo la pasión convierte a Pereyra en una figura por momentos patética, cómica, triste, también iluminada. Como escenario de fondo, una Montevideo tan parecida pero al tiempo tan distinta de Buenos Aires, como epítome de que las apariencias engañan. En sus calles, el lector comienza a sentir en el aire un aroma premonitorio, una sombra ineludible que se pende sobre Pereyra.

Mairal hace así un recorrido fugaz y personal, pero al tiempo universal, sobre la naturaleza de las relaciones de pareja, la inmadurez, la potencia irreal que caracteriza a las fantasías; nos habla de las pasiones, las casualidades y la fragilidad, el terror a los cambios, la idealización, la lealtad. El amor, en diferentes formas, lubrica toda la mezcla.

La uruguaya, de Pedro Mairal, que será pronto llevada al cine, es una novelita magnífica, muy absorbente, brillantemente escrita y más que recomendable.

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