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La Última confidencia: ¿Preparad@ para una novela que te hará sentir?

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800 páginas (para ser exactos 797) cargadas de acción. Así es como definimos esta novela, la primera (¡quién lo diría!) de Joaquín Camps. La última confidencia del escritor Hugo Mendoza es una novela muy bien hecha, tanto por el relato como por la estructura, y eso que no ha debido resultar nada fácil, por la cantidad de personajes y escenarios que discurren por la historia.

Víctor Vega se presenta como un atractivo profesor de Literatura, cuyos líos de faldas le causan alguna que otra mala pasada. Con una vida sin rumbo, se topa con una misión importante que tiene que cumplir hasta sus últimas consecuencias: conocer quién envía cada 3 de diciembre manuscritos a la viuda del escritor Hugo Mendoza, fallecido a la vista del mundo, pero no a la de su viuda y el protagonista.

No vamos a revelar mucho más de la trama porque nuestro cometido en este artículo no es el de presentar la novela, que ya lo hicimos en esta otra entrada,  sino el de aportar nuestra opinión sobre la misma. Haciendo honor a Crónica de una muerte anunciada, empezamos por el final que es lo que menos nos ha gustado, porque pensando de manera egoista, no queríamos presenciar ese final, después de habernos metido tanto en la trama, sufriendo con los protagonistas. Pese a ello, tenemos que reconocer que ha conseguido lo buscado: sorprendernos con ese final, que Joaquín Camps ha sabido mantener en secreto, sin dar pistas al lector hacia donde podían ir los tiros.

Junto con el final, ciertos detalles relatados con todo detalle sobre unos hechos delictivos (no lo vamos a desvelar) puede causar el rechazo del lector. A nuestro juicio, una descripción menos exhaustiva no hubiera restado puntos a esta novela de 10.

Por el resto, nos ha sorprendido muy gratamente, ya que si se nos permite esta confesión, un escritor recién estrenado y tantas páginas llevaba a pensar que había mucha paja entre medias. Pero no (y nos alegra habernos equivocado) cada página está porque tiene que estar, no hay nada que sobre. Todo está perfectamente hilvanado para confeccionar una obra que en pocos meses está atrapando a muchos lectores.

Era arriesgado crear una novela con tantos personajes, ¡y tan diversos!: una monja, una joven informática muy alocada (que nos saca una sonrisa en muchos momentos de la trama), un abogado, una agente literaria, una viuda, un policía…. Personas variopintos, pero muy bien definidos, evitando que el lector pueda perderse entre ellos.

Otra de las características que tenemos la obligación de destacar es la capacidad para crear suspense. Joaquín Camps nos introduce en momentos de tensión y, sin pedir permiso al lector, corta por lo sano para pasar a otro capítulo, como si de las novelas de sobremesa que veían nuestras madres y abuelas se tratara (con la ventaja de que no tenemos que esperar al siguiente día). Desde luego, consigue generar en el lector la incertidumbre y tensión de los protagonistas.

En definitiva, es una novela que nos ha dejado muy buen sabor de boca, consiguiendo que una vez finalizada, sigamos pensando en ella. ¡Y en ese profesor que todas -me incluyo porque soy chica- hemos idealizado en nuestras mentes!

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