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La decadencia de la generación de la crisis: Canciones para no escuchar

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“Si acabas una carrera en España tienes tres salidas: por tierra mar y aire”, reza el cartón que sostiene un joven que no supera la treintena. Corre el año 2011 y el movimiento civil 15-M ha estallado, poniendo en el punto de mira a la generación machacada por la crisis económica.

A veces creo que consumo productos culturales de otros países porque los propios son especialmente sangrantes. Cuando vi por primera vez Trainspotting sentí conexión con esa generación carente de alicientes: abocada a encadenar trabajos temporales hasta la muerte, con la autodestrucción como vía de escape.  Pero esa fue una empatía controlada: oye Escocia comparto tu mierda pero no soy tú.

Canciones para no escuchar (2017) de Ernesto Diéguez Casal es una descripción certera de los jóvenes que se vieron absorbidos por la vorágine de la crisis española. El foco de la obra es la Galicia natal del autor porque, seamos sinceros, los signos del declive siempre son más visibles en las provincias menos desarrolladas, donde la ponzoña se acumula sin el foco mediático.

Moli, su protagonista, se ve aplastado por una existencia carente de sentido a medio camino entre la estación de servicio en la que trabaja y las relaciones fallidas que lo asolan. El punto de inflexión es la boda de su amigo Carliños, o mejor dicho, los rituales previos al enlace: la despedida de soltero que los amigos le preparan.

El autor logra conectar una tradición centenaria con los personajes que participan: universitarios cualificados sin empleo, conformistas convencidos, optimistas de libros; en definitiva seres ridículos y autodestructivos flotando en un ambiente cutre.

Casal nos introduce en este ambiente enrarecido a través de un canal directo: la música. El título del libro es algo más que un concepto sugerente, Canciones para no escuchar transita, capítulo a capítulo, por canciones del grupo navarro El columpio asesino (Corazón anguloso, Cisne de Cristal, MGMT, On the Floor, Perlas o Toro) que son la banda sonora de esa vida que tuvimos que bailar forzosamente muchos jóvenes.

Para quien no esté familiarizado con El columpio asesino, le recomiendo que le de un buen repaso al disco Diamantes (2011) mientras disfruta de la novela de Casal, son un maridaje perfecto. Pero ojo, jodido y sangrante como pocos.

Sin ánimo de desvelar la trama de la obra, que podéis comprar en el site de la editorial Pajarita Roja, si me gustaría resaltar un concepto que se pone de manifiesto en el libro: nuestra decadencia nos persigue allá donde huyamos, da igual que estemos en la España profunda o en el corazón de Europa, ese aire enrarecido se pega como alquitrán a nuestra existencia.

Y entre tanto sinsentido, el protagonista recurre a Walt Whiteman, el poeta de la renovación, ese que consiguió hablar de tú a tú a su nueva generación (y tan actual otra vez) dando constancia de nuestra pequeñez y a la vez de nuestra capacidad de construir, en compañía de otros, sociedades mejores.

Canciones para no escuchar es la prometedora primera novela de Ernesto Diéguez, y lo es porque se parece a quien lo firma, biólogo de profesión que tuvo que emigrar a Islandia para encontrar un trabajo digno.

Por eso os recomiendo esta lectura por partida doble, porque es una gran novela y porque su autor ha tenido la valentía de hacer lo que muchos no nos atrevemos: hablar cara a cara a nuestras miserias aunque sangre.

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